El martes 11 de septiembre de 1973 quedó grabado como una de las jornadas más trascendentales y dolorosas de la historia de Chile. Mientras en Santiago las Fuerzas Armadas y Carabineros concretaban el golpe de Estado que puso fin al gobierno del presidente Salvador Allende, en Valdivia también se desarrollaban horas de incertidumbre, tensión y rápidas acciones para establecer el control militar sobre la ciudad.
La situación no tomó por completo por sorpresa a algunos dirigentes políticos locales. Dos días antes, el domingo 9 de septiembre, más de cinco mil personas se habían congregado en el Coliseo Municipal de Valdivia en una masiva manifestación de respaldo al gobierno de la Unidad Popular. En aquella actividad, el diputado socialista Carlos Lorca habría advertido a dirigentes locales sobre la inminencia de un golpe militar.
Durante la madrugada del 11 de septiembre, dirigentes del Partido Socialista y de la Unidad Popular habían finalizado una reunión en dependencias de la Intendencia. Sin embargo, pocas horas después comenzaron a conocerse las noticias provenientes de Santiago sobre el levantamiento militar.
En Valdivia, las comunicaciones eran confusas. Los teléfonos estaban intervenidos o interrumpidos y las autoridades locales dependían principalmente de las transmisiones radiales y del sistema de télex para conocer lo que estaba ocurriendo en el resto del país.
Uno de los primeros espacios afectados fue Radio Camilo Henríquez, conocida como “La Radio del Pueblo” y vinculada a sectores de la Unidad Popular. Una patrulla de Carabineros llegó hasta la emisora para exigir que se incorporara a la cadena de transmisiones de las Fuerzas Armadas.
Los dirigentes políticos decidieron no continuar con las transmisiones bajo esas condiciones. Antes de salir definitivamente del aire, a través de la radio se emitió un mensaje dirigido a la comunidad valdiviana. Posteriormente, la emisora dejó de transmitir y nunca volvió a sus emisiones regulares.
La toma de la Intendencia:
Mientras la situación se desarrollaba en distintos puntos de la ciudad, el entonces intendente de la provincia de Valdivia, Sandor Arancibia Valenzuela, permaneció en la sede de Gobierno representando a la administración del presidente Salvador Allende.
De acuerdo con reconstrucciones históricas de la jornada, Arancibia se comunicó durante la mañana con el comandante en jefe de la IV División de Ejército, general Héctor Bravo Muñoz, buscando conocer la situación que se vivía en el país.
Sin embargo, las autoridades militares ya habían decidido asumir el control de la provincia. Bravo Muñoz informó al intendente que tenía instrucciones de tomar el control de la Intendencia, enviando a un representante militar para asumir sus funciones.
Cerca de las 10:45 horas, el coronel Héctor González ingresó a las dependencias de la Intendencia. Minutos más tarde, Sandor Arancibia abandonó el edificio escoltado por un grupo de carabineros armados, en una escena que fue observada desde el exterior por personas que se encontraban en las inmediaciones de la Plaza de la República.
Con ello, el gobierno local elegido y designado por la administración de Salvador Allende quedó definitivamente desplazado y el control político y administrativo de Valdivia pasó a manos de las nuevas autoridades militares.
Una ciudad marcada por la incertidumbre:
La jornada del 11 de septiembre en Valdivia estuvo marcada por el desconcierto. Mientras las noticias sobre el ataque a La Moneda llegaban desde Santiago, en la ciudad se consolidaba el control de las Fuerzas Armadas y de Carabineros.
Las calles presentaban una situación inusual y muchas personas permanecieron en sus hogares ante la incertidumbre sobre lo que ocurriría durante las siguientes horas. La toma de las instituciones públicas y el control de los medios de comunicación fueron parte de los primeros cambios que experimentó la ciudad.
Antes de las 13 horas, según el relato del periodista Juan Yilorm, en el edificio del Banco del Estado ubicado frente a la Intendencia fue izada una bandera nacional a media asta con un crespón negro, en señal de duelo. El gesto tuvo consecuencias posteriores para el entonces agente de la institución.
El inicio de una nueva etapa:
Lo ocurrido en Valdivia fue parte del proceso que se desarrolló simultáneamente a nivel nacional. El 11 de septiembre de 1973 se produjo el quiebre de la democracia chilena y la Junta Militar asumió el control del país, iniciando un régimen que se extendió hasta marzo de 1990. Posteriormente, se suspendieron las libertades públicas, se disolvió el Congreso y comenzó un período de persecución y represión política que derivó en graves violaciones a los derechos humanos.
En Valdivia y en el entonces territorio de la provincia, las consecuencias del golpe se hicieron sentir durante los días, semanas y años posteriores. Detenciones, procesos ante tribunales militares, prisión política, exilio y violaciones a los derechos humanos formaron parte de una etapa que continúa siendo objeto de investigaciones judiciales y de un profundo trabajo de memoria histórica.
A más de cinco décadas de aquel martes de septiembre, los acontecimientos ocurridos en la capital valdiviana permiten reconstruir cómo el golpe de Estado no solo se vivió en Santiago. En ciudades como Valdivia, la toma de las instituciones, el acallamiento de medios de comunicación y la detención de autoridades locales marcaron el comienzo de un período que transformó profundamente la vida política y social del país.


