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16 de Mayo

Diócesis de Osorno festejó los 50 años de presencia de las Carmelitas Descalzas

Autor | Informa al minutoEquipo-de-prensa-informa-al-minuto

Fuente imagen | Informa al minuto Iglesia.cl

Se festejó solemnemente las Bodas de Oro de la presencia del monasterio Santa María Madre de la Unidad en la Iglesia osornina.

Durante la celebración eucarística, en que se hizo oración especial por las cinco primeras monjas carmelitas que llegaron a la Diócesis de Osorno: la madre fundadora Teresa del Niño Jesús, y las hermanas Inés de Jesús Crucificado, Beatriz de María Inmaculada, María Asunción y María Margarita de la Eucaristía.

 

La Santa Misa fue presidida por el obispo de la Iglesia Local, Carlos Godoy Labraña, y concelebraron: el Vicario Pastoral, padre Américo Vidal, el padre Rudolf Bornschein, el padre Patricio Sánchez, los sacerdotes del Verbo Divino: Juan Delau, Juan Pablo Wewo y Aures Da Silva; además el padre Luís Gallardo, párroco de la parroquia San José de la Unión en la Diócesis de Valdivia. También estuvieron presentes, en apoyo del servicio al altar, el diácono Carlos Barría y el seminarista José Manuel Rozas.

 

Homilía del Obispo Carlos:

 

En su mensaje por las Bodas de Oro de las Carmelitas Descalzas en la Diócesis de Osorno, el Pastor Carlos Godoy Labraña dijo que, en la memoria de la Santísima Virgen María, en Nuestra Señora de Fátima, en el Evangelio de Lucas, capítulo 11 (27-28) una mujer levanta la voz y dice: “Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron. Jesús le respondió: Feliz más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”.

 

“Son textos que se leen especialmente en esta memoria en la que también asociamos en los 50 años de vida del monasterio de nuestra diócesis”, añadió el obispo y aseguró que Jesús en su respuesta “reconoce a su madre por algo más relevante que llevarlo en su vientre y amamantarlo. Su grandeza radica en escuchar y cumplir la Palabra de Dios. esa es la grandeza de la Santísima Virgen María”.

 

“Ahora, la experiencia nos indica que es difícil escuchar entre tantas voces que resuenan en el ambiente, algunas prepotentes y otras autosuficientes. Otras superficiales y vacías. Unas cuantas alarmistas y catastrofistas. No muchas sensatas y equilibradas. Naturalmente, no podemos entender la vida cristiana sin la escucha, y los grandes hombres y mujeres de la Biblia escucharon a Dios y siguieron su voz, así mismo María supo escuchar lo que Dios le estaba pidiendo. Ella responde generosamente a esa voz, que es capaz de escuchar con nitidez y con claridad en lo más profundo de su corazón”, aseveró.

 

Se preguntó entonces, “pero, porqué nos cuesta escuchar tanto a nosotros”, y dijo “Vivimos en un mundo apresurado y lleno de ruidos, nos cuesta detenernos y hacer silencio, y sabemos que para escuchar a Dios hay que detenerse y hacer silencio, porque Dios habla en el silencio, en la comprensión que logran aquellos que se consagran en un monasterio con el propósito de estar permanentemente escuchando a Dios en la soledad de la oración”.

 

“Con todo, la grandeza de María radica también en su coherencia en la Palabra escuchada. En realidad, la coherencia es una cuestión de amor. Me gusta pensar que la Virgen María cumple con la Palabra porque ha amado primero. Así, silencio, escucha y amor van profundamente entrelazadas, van de la mano y van configurando la vida del cristiano como una ofrenda permanente”, continuó el obispo Carlos.

 

Destacó que “celebramos 50 años de la presencia del Carmelo en Osorno, un hecho significativo para nuestra Iglesia Diocesana que se alegra con este acontecimiento. Ello nos permite valorar la vida contemplativa como el pulmón donde respira la Iglesia, como le gustaba decir a San Pablo VI”.

 

“No me cabe duda de que somos unos privilegiados de contar con un pulmón estupendo por donde respira nuestra diócesis para cumplir, llenos de vida, con el mandato de ir y anunciar el Evangelio de Jesús a todas las realidades de nuestra ciudad y pueblos”, agregó.

 

“Gracias por sus vidas queridas hermanas, nos alegramos con ustedes por estos 50 años, y le pedimos a Dios, y a Santa María, Madre de la Unidad que las siga animando en su vocación de consagradas al servicio de la Misión de la Iglesia”, enfatizó el Pastor de la Diócesis de Osorno.

 

Reseña del Monasterio Santa María Madre de la Unidad:

 

En su deseo de contar con un monasterio de vida consagrada, para apoyar con la fuerza de la oración misión de la Iglesia en la provincia de Osorno, Monseñor Francisco Valdés solicitó que pudieran fundar en nuestra ciudad, al Monasterio de Carmelitas Descalzas de Cristo Rey y María Mediadora, de Santiago.

 

Una vez concedidos los permisos necesarios, el 13 de mayo de 1974, llegaron a su nueva residencia con alegría y felices de poder seguir el llamado del Señor las primeras cuatro hermanas profesas: Teresa del Niño Jesús, como fundadora; Inés de Jesús Crucificado, Beatriz de María Inmaculada y María Asunción, más tarde se les unió María Margarita de la Eucaristía.

 

Al llegar a Osorno, las Religiosas de Santa Marta les prestaron un sitio dentro de su terreno donde instalaron una casa prefabricada e iniciaron su vida monacal. Cuatro años después, recibieron el terreno en el cerro de Pilauco, y el 25 de julio de 1979, se inició la construcción del monasterio y monseñor Francisco Valdés impuso la clausura.

El 6 de julio de 1982 se hizo efectiva la erección canónica del monasterio Santa María Madre de la Unidad. El 4 de agosto1993 un voraz incendio destruyó la nueva construcción. Los bomberos lograron rescatar el sagrario con el Señor Sacramentado y la imagen de la Virgen del Carmen. De manera provisoria, el obispo de ese tiempo, monseñor Miguel Caviedes les invitó a ocupar una cabaña de la casa de retiro Betania. Al día siguiente, entre los escombros permaneció intacto un cuadro de la Santa Madre fundadora Teresa de Jesús y una mesa de madera con una estola sacerdotal.

Gracias a los bienhechores de Osorno y de todo Chile, además del apoyo de distintos monasterios de las Carmelitas Descalzas, que no tardaron en hacerse presentes, se inició nuevamente la reconstrucción de un nuevo monasterio, ahora de material sólido, cuya primera etapa fue bendecida el 25 de mayo de 1995 por el Obispo de Osorno de aquel entonces, monseñor Alejando Goic Karmelic.

La segunda etapa de la construcción fue terminada en 1997. Finalmente se construyó la capilla y fue consagrada el 23 de noviembre de 1999.

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