El 25 de agosto de 1889, las aguas frías y traicioneras del archipiélago de Chiloé fueron testigos de uno de los naufragios más recordados en la historia marítima del sur de Chile. El vapor Ancud 3°, que navegaba desde Melinka con destino a Valparaíso, encontró su fin cerca de Punta Guabun, provocando una tragedia que aún resuena en la memoria colectiva de la región.
El Ancud 3°, un vapor emblemático de su época, desempeñaba un papel vital en la conexión entre las diversas localidades costeras y el resto del país. Su ruta era parte esencial para el transporte de pasajeros, mercancías y comunicaciones, constituyendo un enlace indispensable en una época donde las vías terrestres eran escasas y la navegación marítima dominaba la movilidad.
Las causas exactas del naufragio se relacionan con las difíciles condiciones climáticas y la complejidad geográfica de Chiloé, donde abruptos canales y fuertes corrientes representan un desafío constante para los navegantes. La embarcación, sin embargo, no logró superar esos obstáculos y se perdió en las proximidades de Punta Guabun, un sitio conocido por sus peligros.
Este desastre marítimo no solo implicó la pérdida material de la embarcación, sino que también causó dolorosas pérdidas humanas y un impacto duradero en las comunidades locales, que dependían del Ancud 3° para su subsistencia y comunicación. A raíz del naufragio, se intensificaron los llamados para mejorar las medidas de seguridad en la navegación y fortalecer la infraestructura marítima en la región.
Hoy, a más de un siglo de aquel fatídico 25 de agosto, el naufragio del vapor Ancud 3° sigue siendo un recordatorio de los riesgos que implicaba la vida en las costas del sur chileno y un capítulo fundamental para entender la historia marítima y social de Chiloé.


