En un escenario económico marcado por la cautela y la búsqueda de instrumentos estables, los depósitos a plazo (DAP) continúan siendo uno de los productos financieros más utilizados por los chilenos, especialmente por quienes privilegian la seguridad por sobre la rentabilidad. Se trata de un acuerdo en el que una persona entrega una suma de dinero a una entidad financiera por un periodo determinado —por ejemplo, 30, 60 o 90 días— a cambio de una tasa de interés fija que se paga al vencimiento del plazo.
El funcionamiento es sencillo: el banco retiene el capital durante el plazo acordado y lo devuelve con los intereses al final. No se permiten retiros anticipados sin penalización y, por eso, este instrumento es ideal para quienes no necesitan disponer de su dinero en el corto plazo. Además, todos los depósitos a plazo en bancos supervisados por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) están respaldados y regulados, ofreciendo una alta confianza.
En cuanto a la rentabilidad, existen diferencias significativas entre las instituciones. A junio de 2025, los bancos con mejores tasas para depósitos a 30 días renovables fueron Banco Ripley, Banco Internacional y Banco Consorcio, con tasas de interés cercanas al 0,45 % mensual, lo que equivale a ganar alrededor de $4.500 por cada millón depositado. En cambio, bancos más tradicionales como Banco de Chile, Banco Estado y Santander ofrecen tasas que oscilan entre el 0,29 % y 0,34 %, según el ranking de Chócale.
A pesar de las diferencias de rentabilidad, muchas personas siguen prefiriendo los bancos tradicionales por razones de confianza, historial o simplemente por cercanía.
En conclusión, los depósitos a plazo siguen siendo una opción sólida para los chilenos que buscan proteger su dinero sin asumir riesgos. Aunque la inflación y las tasas del mercado pueden afectar su rentabilidad real, su simplicidad, transparencia y respaldo bancario los mantienen como uno de los instrumentos preferidos por inversionistas conservadores.




