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03 de Mayo

La liberación del color: El acto de amor de “Nano” Vallejos por la memoria de La Unión

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Fotografías inéditas restituyen la memoria perdida de cientos de familias unioninas.

Hace solo unas semanas, una frase pronunciada casi al pasar encendió una revelación mayor. Hernán “Nano” Vallejos, histórico fotógrafo ligado al Estudio Real, anticipó el impacto de una colección hasta entonces desconocida: imágenes a color que, según sus palabras, permitirían a las personas reconocerse plenamente, “porque les falta todo el color”. Aquella intuición terminó por concretarse en un hito para la historia local.

 

Tras décadas resguardando de manera independiente miles de negativos en formato 35mm, Vallejos decidió donar su archivo personal al Archivo de La Unión. El conjunto, que abarca 31 años de registros, suma entre 140.000 y 210.000 imágenes, transformándose en una de las colecciones fotográficas más extensas y significativas del sur de Chile. Su incorporación no solo amplía el acervo existente, sino que cambia la forma en que la comunidad se observa y reconstruye su pasado.

 

El valor de esta colección va más allá de lo documental. Remite a una época en que la fotografía era un acto ceremonial, una práctica cargada de intención y permanencia. A diferencia del registro digital contemporáneo, estas imágenes eran objetos destinados a perdurar, a ser contemplados y heredados. Hoy, en un contexto marcado por la velocidad y la fragilidad de la memoria, estos retratos ofrecen a las personas la posibilidad de reencontrarse con su identidad y sentido de pertenencia.

 

El rescate también responde a pérdidas acumuladas en la memoria privada de muchas familias, cuyos registros desaparecieron por incendios, mudanzas o conflictos personales. En ese contexto, el Archivo no solo conserva fotografías: restituye vínculos, historias y rostros que parecían extraviados. La respuesta de la comunidad ha sido contundente, con miles de visitantes y testimonios que reconstruyen relatos familiares y colectivos a partir de las imágenes.

 

La historia de Vallejos está marcada por el azar y la disciplina. Tras el terremoto de 1960, su cercanía con el fotógrafo Luis Glasinovic lo introdujo en el oficio siendo apenas un adolescente. Desde entonces, desarrolló una carrera prolífica, produciendo cientos de miles de fotografías en blanco y negro, además de este vasto archivo a color que permaneció oculto durante años.

 

Sin embargo, el proceso de conservación enfrenta desafíos importantes. Parte del material ha sido afectado por la humedad, lo que obliga a realizar un trabajo técnico minucioso para evitar la pérdida definitiva de imágenes únicas. Cada negativo representa un fragmento irrepetible de la historia local.

 

La incorporación del color marca un antes y un después en el relato visual del Archivo. Si hasta ahora predominaba una estética en blanco y negro, la llegada de estas fotografías introduce una dimensión sensorial que activa recuerdos más profundos: tonos, ambientes y detalles que enriquecen la experiencia de quienes se reconocen en ellas.

 

Más que una exposición, lo que ocurre en La Unión es un proceso de apropiación ciudadana de la memoria. Miles de personas han participado activamente, no solo visitando la muestra, sino también aportando relatos que complementan las imágenes. Este fenómeno ha posicionado a la comuna como un referente en la preservación participativa del patrimonio.

 

Al concretar la donación, Vallejos expresó una mezcla de alivio y sentido de continuidad. Con ello, no solo cerró un ciclo personal, sino que abrió la puerta para que generaciones presentes y futuras puedan reencontrarse con su historia. Su legado, construido durante más de cuatro décadas, se proyecta ahora como un patrimonio colectivo que devuelve a toda una comunidad el derecho a mirarse —esta vez, en color.

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