Estamos en pleno otoño en Chile y ya se observa un alza sostenida en la circulación de virus respiratorios. De acuerdo con datos del Instituto de Salud Pública (ISP), en la semana epidemiológica 12 la positividad de las muestras alcanzó un 43,9 %, con 1.384 casos confirmados, marcando además la cuarta semana consecutiva de incremento. A esto se suma un aumento significativo en la demanda asistencial: a mediados de marzo, las atenciones de urgencia por enfermedades respiratorias crecieron un 50 % en comparación con la semana anterior, con un impacto especialmente fuerte en la población pediátrica tras el regreso a clases.
Frente a este escenario, el Ministerio de Salud decidió adelantar la Campaña de Invierno 2026. El proceso de vacunación contra influenza, COVID-19 y virus respiratorio sincicial comenzó el 1 de marzo, acompañado de la implementación de una alerta sanitaria preventiva que incluye el uso obligatorio de mascarillas en servicios de urgencia. La medida responde también a la vigilancia internacional por la variante H3N2, un subclado asociado a mayor evasión inmune y que ya ha generado brotes tempranos en Europa. Todo esto ocurre antes del invierno, cuyo peak de circulación viral se proyecta entre junio y agosto, período en el que en 2025 se registraron hasta 139.465 atenciones de urgencia en una sola semana.
El impacto de la temporada respiratoria no se limita al sistema de salud. El sector servicios, que representa más del 56 % del PIB chileno, enfrenta cada año costos operativos relevantes durante estos meses. Actividades como el comercio, la hotelería, el transporte y los servicios financieros se ven especialmente afectadas. Solo el turismo, por ejemplo, generó más de 690 mil empleos en el primer trimestre de 2025, evidenciando su peso en la economía nacional.
Uno de los principales efectos es el aumento del ausentismo laboral. Según la Dirección de Presupuestos, mayo concentra el mayor número de licencias médicas, con un promedio de 3,3 por funcionario, coincidiendo con la mayor circulación viral. La Superintendencia de Seguridad Social confirma que las enfermedades respiratorias son la principal causa de días no trabajados, afectando con mayor intensidad a sectores con alta exposición al público. A esto se suman cambios en el comportamiento de los usuarios: estudios indican que una proporción relevante de personas evita restaurantes, hoteles o baños públicos debido a preocupaciones por higiene.
En este contexto, surge una brecha entre las recomendaciones sanitarias y las condiciones reales en espacios de alta concurrencia. Las autoridades han insistido en la importancia del lavado frecuente de manos y el uso de pañuelos desechables, medidas que pueden reducir significativamente la transmisión de enfermedades. Sin embargo, muchos recintos aún operan con sistemas de dispensación abiertos que implican contacto compartido, lo que dificulta la aplicación efectiva de estas prácticas preventivas.
Especialistas del sector de higiene profesional advierten que modernizar la infraestructura sanitaria es clave para enfrentar la temporada. La incorporación de sistemas de dispensación controlada, que entregan una unidad por uso y mantienen el resto protegido, permite reducir los puntos de contacto y alinear las instalaciones con las recomendaciones de salud pública. Además, estos sistemas no solo mejoran la higiene, sino que también optimizan el consumo de insumos y reducen tiempos de mantenimiento.
Con el invierno aún por llegar, pero con los virus ya en circulación, el desafío para los recintos de alta concurrencia es anticiparse. La combinación de medidas sanitarias, vacunación y mejoras en infraestructura será determinante para mitigar el impacto de una temporada que, como cada año, pondrá a prueba tanto al sistema de salud como a la actividad económica del país.







